Teatro de la Oprimida - Errotik
15902
post-template-default,single,single-post,postid-15902,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,hide_top_bar_on_mobile_header,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-17.2,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.6,vc_responsive

Teatro de la Oprimida

Teatro de la Oprimida

El teatro del oprimido es una práctica teatral iniciada en América Latina por Augusto Boal en los años 60, con el fin de crear espacios de reflexión, búsqueda de soluciones y alternativas a los problemas generados por las relaciones de poder. Sus propuestas pedagógicas, sociales, políticas y culturales proponen transformar el espectador (ser pasivo) en protagonista de la acción dramática (sujeto creador) estimulando la reflexión sobre el pasado para transformar las situaciones cotidianas de opresión en el presente e inventar el futuro.

Esta corriente teatral se basa sobre la idea del teatro político o teatro total propuesto por los autores marxistas Erwin Piscator y Bertold Brecht, y sobre la “pedagogía del oprimido” de Paulo Freire (1970), con el fin de ir más allá del teatro institucional (tradicional, convencional), concebido como un bien de consumo, y poner la dimensión humana en el centro a lo largo del todo el proceso artístico para actuar como catalizador y disparador de cambios sociales y transformaciones personales más integrales y sostenibles (Forcadas, 2012).

Diferentes tipos de Teatro de la Oprimida

Dentro del teatro del oprimido hay varias herramientas entre las cuales se encuentran: el Teatro Foro, Teatro de la Imagen, Teatro Periodístico, Teatro Invisible, Teatro Legislativo, entre otras. En todas ellas el grupo comienza con la identificación de las opresiones vividas. Una vez identificadas, su objetivo es trabajar sobre las relaciones de poder, explorando historias entre opresor/a y oprimido/a, en las cuales la persona espectadora/alumna asiste y participa en el acto.

Tratando las opresiones de manera colectiva se entiende que éstas no son únicas y que hay siempre otras personas que las viven de manera análoga o diferente según su condición. Además, colectivizando las opresiones se pueden crear estrategias más eficaces contra los mecanismos y las estructuras que las mantienen y perpetúan.

Según Augusto Boal (1982), el teatro del oprimido no es una serie de ‘recetas’ o un catálogo de soluciones ya conocidas, sino es sobre todo un trabajo concreto sobre una situación concreta, en un momento dado, en un lugar determinado. Es un estudio, un análisis, una investigación. En este sentido, es bien conocida su frase: “El teatro es un ensayo para la revolución” (Boal, 2009).

A nosotras nos gusta repetir, especialmente cuando entramos en las aulas o cuando trabajamos con jóvenes que este tipo de teatro es “un ensayo de la realidad” donde probar, reflexionar y crear estrategias de acción para que, frente a una situación de abuso, violencia, desigualdad sepamos cómo reaccionar y que el miedo o la rabia no nos paralice.

Mayormente utilizamos la tipología de teatro foro y el teatro imagen. La primera necesita un trabajo en profundidad con un grupo concreto a lo largo de varias sesiones. En estas, se reflexiona sobre las varias opresiones vividas por las personas y se elige una en concreto. Hecha la elección, se crea una pieza de teatro donde se ponen en escenas la problemática elegida basada en hechos reales. Cuando se representa, el público participa entrando en escena, pudiendo sustituir a los personajes oprimidos o a posibles personajes aliados y proponiendo acciones alternativas de cambio.

El segundo, el teatro imagen, se puede realizar en una misma sesión, con un poco de trabajo previo. Sigue la misma lógica del teatro foro, solo que en cambio que generar una pequeña obra de teatro, se reproduce una imagen que representa la problemática elegida por el grupo y basada en hechos reales. Esa imagen, que se acompaña con un movimiento y un sonido para poder ser más explicita, se propone a un publico que deberá intentar encontrar alternativas de cambio.